Todo un éxito empresarial sin duda y es posible pensar que después de este acierto administrativo se diera pie a una gran ola de “pequeños ahorros” en todos los sectores empresariales de esos de los que nadie se percata. Por ejemplo: ¿para qué poner películas cuando podemos emular una televisión local plagando a los usuarios de series con cortes comerciales e infomerciales? ¿Para qué les damos comida cuando bien pueden aguantar un vuelo de tres horas con una bolsa barata de cacahuates japoneses?
Viajar en avión en mi infancia (que no fue hace tanto) representaba un lujo implícito en el buen trato que se recibía, la comida completa con todo y postre, también las películas de acción y drama que hacían lo suyo a veces opacando el ya de por sí hermoso paisaje de nubes de inmensos blancos y marcos tornasol. Hoy solo hay comerciales, botanas chatarra y una atención por parte de las azafatas que se siente exagerada al tomar en cuenta lo paupérrimo de lo ofrecido.
La comida digna, las almohadillas para que no se entuman las asentaderas y los periódicos del día siguen ahí, pero sólo para la primera clase, la clase ejecutiva, o premier, no importa como se le llame, metafórica y literalmente son los hombres detrás de la cortina. Esos que disfrutan sus privilegios en una parte exclusiva pues sabemos que es una sección selecta para gente que de alguna manera tiene para pagarla y no pensamos demasiado en lo que ocurre detrás de la cortina, sabemos que no nos corresponde, por respeto, aunque sea por parte de los menos afortunados, es decir, un noventa por ciento de todo el avión.
El problema de raíz no se encuentra en el ingenio para sortear impuestos o los modos en que los sistemas organizacionales sobreviven en los mercados globales, pero sí son un buen punto de partida para evidenciar su comportamiento tan desalmado cuando las personas se ven obligadas a adaptarse a los nuevos cambios que suelen ser una degradada versión de lo que solían, eso y la manera que las jerarquías se dejan sentir en todos los productos del mercado.
Ya inmerso en su arquitectura, los patrones en el diseño aparecen y dejan al descubierto una serie de intenciones propios un régimen, que te obligan a ser parte de un orden tan preciso como los círculos perfectos que hay en todas las paredes. En el aeropuerto nadie hace escándalo, a nadie le conviene, todos necesitan avanzar, optimizar el tiempo, salir de allí en cuanto se pueda, una extraña sala de espera multi cultural que a la vez sirve de cortina de humo para mostrar a propios y extraños la manera en que se debería ver a México.
Esta es una metáfora por supuesto, ya que de donde yo vengo, jamás se ha visto una aceituna en un plato de comida de un avión.
Frases de la semana:
"El ministerio de economía debería llamarse ministerio de la miseria, ya que al ministerio de la guerra no se le llama nunca ministerio de la paz."
Jacques Prévert
"La inflación es como el pecado; cada gobierno la denuncia, pero cada gobierno la practica."
Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) Profesor de física y científico alemán
"Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero" (almacenista).
Arturo Jauretche
Aconsejar economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante. Es como aconsejar que coma menos al que se está muriendo de hambre.
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario